El productor que revolucionó los festivales vuelve al Parque O’Higgins en su mejor momento creativo, listo para demostrar por qué sigue siendo el cerebro detrás de los sonidos más frescos del mundo.
Sonny Moore, conocido globalmente como Skrillex, no es el mismo que hace una década sacudió el planeta con su dubstep de alto impacto. El artista aterriza en esta edición de Lollapalooza Chile transformado en un arquitecto sonoro que domina desde el house hasta los ritmos experimentales. Su regreso es uno de los hitos más esperados del cartel 2026, respaldado por un catálogo reciente que ha reventado las plataformas de streaming y una capacidad única para leer lo que la pista de baile necesita en cada momento.
A diferencia de los sets de otros grandes nombres, lo de Skrillex se siente como un viaje impredecible. Su show actual es una descarga de energía pura que mezcla graves profundos con una delicadeza técnica envidiable, logrando conectar con los nostálgicos de los “drops” agresivos y con la nueva camada de fans que lo adora por sus colaboraciones con los nombres más potentes, explorando sonidos globales, ritmos híbridos y proyectos que amplían su alcance más allá de la electrónica tradicional. En su maleta trae tracks que se han vuelto himnos internacionales, consolidándolo no solo como un DJ, sino como el curador oficial del sonido de esta década.
La gran cita será entre el 13 y el 15 de marzo, donde el Parque Cerrillos se transformará en una rave masiva de nivel mundial. Se espera que el set de Skrillex sea un “caos controlado” de alta fidelidad, marcando el punto más alto del cartel electrónico de este año. Los fanáticos chilenos, conocidos por su intensidad, ya cuentan los días para reencontrarse con el hombre que volvió a poner el juego electrónico en el centro del escenario, demostrando que su vigencia no es casualidad, sino producto de una evolución constante que no conoce de límites.