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Te das cuenta que eres adulto cuando… (y más encima eres una “Soa”)

Uno jura que ser adulto empieza a los 18… pero la vida te demuestra que la adultez real llega cuando te molesta el ruido, te emocionas comprando plantas y te da rabia que no cierren bien la bolsa del pan.

En Sabores nos pusimos a conversar de un tema que es demasiado real: ese momento exacto en que te miras a ti misma y dices “ya… crecí”. Porque sí, legalmente a los 18 ya eres adulto, pero en la práctica, el cuerpo y sobre todo el cerebro todavía están en pleno proceso.

De hecho, aunque suene chistoso, la ciencia lo explica claro: El cerebro sigue madurando durante los 20 y tantos, y recién cerca de los 25 a 30 años se fortalece la parte encargada de frenar impulsos, regular emociones y pensar antes de actuar. Por eso muchas veces en la juventud reaccionábamos sin filtro, tomábamos decisiones intensas o nos lanzábamos sin medir consecuencias. No era falta de voluntad… era el cerebro todavía en “modo ensayo”.

Pero más allá de lo físico, hay otra adultez que se siente aún más fuerte: la emocional. Esa que no llega con una fecha, sino con señales. Y ahí aparece un concepto muy chileno y muy de calle: ser una soa.

¿Y de dónde viene el término soa? En Chile, soa es una forma abreviada y popular de decir “señora”. Se usa muchas veces en tono de talla para describir a alguien que ya tiene actitudes más prácticas, más tranquilas, más de casa, más de “prefiero la paz”. No tiene que ver con la edad, sino con esa etapa donde tu cuerpo te pide calma y tu mente deja de tolerar el caos.

Elo lo dijo sin filtros: Se dio cuenta que era una soa el día que le ofrecieron el asiento en la micro. Ese es el verdadero golpe de realidad. Porque no es que tú lo digas… ¡es que el mundo ya lo asumió!

Y ahí empezaron las confesiones. Porque ser una soa se nota cuando quieres que el carrete termine temprano. Cuando antes eras la última en irte y ahora a las 11 ya estás pensando “mañana tengo cosas que hacer”.

También se nota cuando te emocionas comprando plantas y te da pena cuando se te mueren. Anto confesó que se siente una soa total por eso, porque jura que las cuida con amor, pero igual se le mueren todas. No queda otra opción más que comprar flores plásticas.

Otra señal clarísima es cuando revisas el clima antes de hacer planes. Porque ya no estás para improvisar. Ya no. Ahora si hay viento, frío o calor extremo, simplemente se cancela y se reemplaza por casa, tecito y serie.

Y ojo con esta: cuando te molesta el ruido fuerte… y tú antes eras el ruido. Elo dijo que ahora prefiere mil veces la calma de su casa y estar en camita, en vez de estar rodeada de música a todo dar o griterío.

Y ni hablar de ese cajón que todas tenemos, lleno de cables “por si acaso”. Nadie sabe qué cargan, nadie sabe de dónde salieron… pero se guardan igual. Porque la soa piensa en el futuro.

Y el punto que desató polémica total en el panel: cuando te da rabia que no cierren bien la bolsa del pan. Porque eso ya no es un detalle… es una falta de respeto. Anto además sumó otro que es peor: cuando dejan bolsas vacías dentro del refrigerador. Eso ya es nivel “¿qué clase de persona hace eso?”

Así que sí: ser adulto no llega cuando te dan carnet, llega cuando el cerebro madura y empiezas a pensar dos veces. Pero ser una soa llega cuando la vida te cambia los gustos: cambias el caos por la calma, el carrete por la camita… y te das cuenta que lo único que quieres es paz mental y pan bien cerrado.

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