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Hombres mantenidos: ¿El fin del rol de proveedor?

Los casos de Camilo Huerta, Bernardo Borgeat y Luis Mateucci reabren el debate en una sociedad que aún tensiona el rol del “hombre proveedor”.

La relación entre Camilo Huerta y Marité Matus no solo hizo ruido en redes, sino que instaló una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando es la mujer quien lleva el peso económico? Comentarios, portadas y críticas apuntaron a una supuesta dependencia, pero esto es más que un caso aislado, es un fenómeno que expone una tensión cultural que sigue vigente.

Un escenario que también se repitió con Bernardo Borgeat y Carmen Gloria Arroyo, donde las miradas se centraron en quién sostenía el hogar. Y en el caso de Luis Mateucci junto a Daniela Aránguiz, la discusión fue aún más mediática, con constantes cuestionamientos al rol económico de él dentro de la relación.

La visión psicológica de este fenómeno

En Encantadas, la psicóloga Johanna Narr explicó que este tipo de dinámicas tensiona estructuras tradicionales que siguen presentes en la sociedad. Aunque los modelos de pareja han cambiado, la idea de que el hombre debe proveer no ha desaparecido del todo, lo que genera un choque cuando esa expectativa no se cumple.

Desde una mirada psicológica, la especialista indicó que el conflicto no es el dinero, sino el significado cultural que se le atribuye.

En una sociedad con raíces aún marcadas por el machismo, el hecho de que la mujer sea el sostén económico puede interpretarse como una alteración del orden esperado, impactando en la autoestima masculina y en la percepción de equilibrio dentro de la pareja.

Este desajuste también puede trasladarse al plano íntimo. Según Narr, cuando una relación se percibe como desigual —ya sea en lo económico o en la carga emocional—, la atracción puede verse afectada. No por el ingreso en sí, sino por lo que representa en términos de poder, reconocimiento y reciprocidad.

De acuerdo a datos internacionales, cerca de 3 de cada 10 mujeres en relaciones heterosexuales son hoy el principal ingreso del hogar, una cifra que sigue creciendo y que mantiene abierto el debate sobre cómo evolucionan —o resisten— los roles de género.

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