Search
Close this search box.

Perfectas, virales y falsas: Las influencers hechas con IA que ya les compiten a las de carne y hueso

En Encantadas pusimos sobre la mesa un fenómeno tan fascinante como inquietante: chicas bellísimas, con vidas soñadas, campañas con marcas y miles o millones de seguidores… Pero que en realidad no existen. Desde la chilena Josefa Sorel hasta figuras internacionales, las redes ya están llenas de celebridades digitales que obligan a preguntarse cuánto de lo que consumimos ahí sigue siendo auténtico.

El caso que más ruido hizo en Chile fue el de Josefa Sorel, una influencer creada por el filmmaker nacional Francisco. El proyecto nació como un experimento para reflexionar sobre las redes sociales, sus filtros y esa estética tan producida que muchas veces parece artificial, aunque venga de personas reales. Y ahí está justamente el golpe del tema: Josefa no inventa una fantasía nueva, sino que replica con precisión lo que vemos todos los días en Instagram. Incluso, su creador sube fotos de la influencer junto a celebridades. ¿Exceso o algo jocoso? Eso depende de la interpretación de cada uno.

Pero Josefa no está sola. En España, Aitana López se volvió uno de los casos más comentados: fue creada por la agencia The Clueless, se presenta como fan del fitness y el gaming, y reporta ingresos de hasta 10.000 euros mensuales en acuerdos comerciales. Su gracia para las marcas es evidente: no se enferma, no llega tarde y no protagoniza escándalos. Es la influencer soñada… Siempre que no importe que sea ficticia.

De modelos digitales a iconos de lujo: El ascenso de una industria que no respira

Después aparece Shudu, una modelo digital creada por el fotógrafo Cameron-James Wilson, que alcanzó tal nivel de realismo que terminó en campañas de Fenty Beauty y Balmain. En paralelo, Lil Miquela se consolidó como una de las más famosas del mundo: nació en 2016 y ha trabajado con Calvin Klein, Prada y Samsung, acumulando millones de seguidores. Aquí ya no hablamos de una curiosidad, sino de una industria completa.

Y eso es lo más “plop” de todo: estas influencers no respiran, no envejecen ni se equivocan, pero igual venden y generan conversación. Entonces, la pregunta ya no es solo si son reales, sino qué dice de nosotros que una vida fabricada y programable resulte tan atractiva. Porque tal vez el problema no sea que la influencer sea falsa… Sino que hace rato venimos consumiendo versiones editadas de la realidad como si fueran verdad.

Desplazamiento al inicio