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Secretos de la Quinta por dentro: El lado más sabroso del Festival

Hoy en Sabores nos metimos tras bambalinas del Festival de Viña junto a Mauro Contreras, el estilista de las estrellas, para conocer ese mundo oculto que es incluso más intenso que lo que vemos en pantalla.

Porque sí, la Quinta Vergara no es solo luces, cámaras y aplausos. Por dentro es otra historia. Desde 2002, el anfiteatro funciona como un recinto semicerrado con camarines subterráneos, salones de conferencia y hasta un ascensor hidráulico para que los músicos aparezcan en escena casi como por arte de magia. Hay “pisos”, circulación interna estratégica y un backstage que parece laberinto.

Y todo eso se mueve gracias a una maquinaria gigantesca: cientos de personas entre producción, televisión, técnicos, seguridad, prensa y equipos de artistas. Una organización tripartita donde conviven la Municipalidad de Viña del Mar, la Productora Bizarro y Mega. El festival es un engranaje que no puede fallar… aunque detrás pasen cosas que parecen de película.

Ahí entra Mauro Contreras, el “estilista de las estrellas”, quien ha sido en varias ocasiones testigo privilegiado de momentos que no salen al aire. Como en 2021, cuando le tocó maquillar a Sting. El artista no quería maquillaje minutos antes de salir. Finalmente aceptó, pero en absoluto silencio. Mauro entró a su camarín con orden estricta de no hacer ruido. Sting estaba apoyado en la pared, pensativo, con la cabeza contra el muro. Él lo maquilló suavemente, sin cruzar palabra. Tenso, extraño… pero profesional hasta el final.

En 2019, con Marco Antonio Solís, la instrucción fue aún más extrema: Nadie podía cruzarse en el pasillo rumbo al escenario. Técnicos y trabajadores debieron encerrarse en baños y camarines ajenos para despejar el camino. Algo similar ocurrió en 2014 con Ricky Martin, cuando incluso se taparon con cinta todas las manillas visibles de las puertas del pasillo. ¿El motivo? Nadie lo sabe. Pero el nivel de protocolo fue total. Mauro hizo hincapié que estas excentricidades normalmente no vienen de los artistas, sino de quienes los rodean: la producción que resguardan a los cantantes a sol y sombra.

Y no todo es diva y tensión. En 2012, Rosana convirtió el camarín en una experiencia mística. Antes de maquillarla, le pidió a Mauro que “intencionara” el momento. Sin saber bien qué hacer, improvisó un mantra mientras todo el equipo se tomaba de las manos. De estilista a guía espiritual en segundos. El clásico “ooohhhmmmm” resonando antes de salir a la Quinta.

Así que hoy en Sabores nos metemos en ese Viña que no se televisa: el de los silencios incómodos, las exigencias insólitas y los rituales energéticos. Porque lo que pasa tras el escenario… muchas veces es mucho más sabroso que el propio.

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