COANIQUEM logró reducir en un 91% las quemaduras por pirotecnia infantil, pero advierte que el riesgo sigue vivo. En Sabores, la enfermera en prevención Catalina Vidaurre fue clara: los fuegos artificiales no son un juego y pueden marcar una vida para siempre.
Luces, ruido y celebración. Así se viven muchas fiestas de fin de año, pero detrás de los fuegos artificiales hay una realidad dura que no se puede ignorar. Hoy en Sabores la enfermera en prevención de COANIQUEM, Catalina Vidaurre, hizo un llamado directo a la conciencia: no usar fuegos artificiales, ni siquiera “por unos segundos”.
El mensaje no es antojadizo. A 25 años de la ley que prohíbe la pirotecnia en Chile, COANIQUEM ha logrado una disminución histórica del 91% en las quemaduras por fuegos artificiales en niños y niñas. Una cifra potente, que demuestra que cuando se previene, se salvan vidas. Pero el peligro no ha desaparecido.
Entre diciembre de 2024 y enero de 2025, siete menores resultaron lesionados en distintas regiones del país, varios de ellos en fechas clave como Navidad y Año Nuevo. Casos que ocurren muchas veces sin que los niños siquiera estén manipulando pirotecnia. Basta estar cerca. Además, sugiere muchas veces daños que no tienen vuelta atrás, sobre todo en manos, brazos y rostro, incluso ojos.
“Los fuegos artificiales son impredecibles. No existen los fuegos artificiales seguros”, recalcó Vidaurre en pantalla. Una advertencia que cobra más fuerza tras el reciente caso de un niño de 10 años que sufrió daño ocular por esquirlas durante un evento deportivo en el Biobío.
El llamado es simple y urgente: ningún fuego artificial vale una quemadura, una cicatriz o una vida marcada para siempre. La invitación es a celebrar distinto, sin pirotecnia y con responsabilidad, porque cuando se trata de niños y niñas, la prevención no es exageración, es cuidado.